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Estimulante Del Apetito Y Anti Náuseas

I love marijuana appetite stimulant

Estimulante del apetito

La marihuana en la medicina moderna es quizás el medicamento más conocido para combatir las náuseas o antiemético (para tratamientos contra náuseas y vómitos severos). En particular, la marihuana se usa ampliamente en conjunto con la quimioterapia y la radioterapia para el cáncer ya que ambas terapias causan náuseas extremas.

Desde que se introdujo en la medicina moderna en el siglo XIX la marihuana se conoce por suprimir las náuseas y promover el apetito. Esto se manifiesta normalmente como "antojos" para consumidores recreacionales quienes a menudo se ven superados por un apetito desmedido poco después de fumar.

Por otra parte, una dosis alta de marihuana puede algunas veces provocar náuseas. Las reacciones tóxicas como esta pueden ser el resultado de una sobredosis por vía oral en la que algunos consumidores aventureros de  hachís toman más de la cuenta.

El uso de la marihuana en el tratamiento de la anorexia (pérdida de peso y de apetito) en conjunto con la radioterapia y la quimioterapia se registró a principio de la década de los setenta. En ese momento, tanto la quimioterapia como la marihuana estaban generalizando su uso. Los medicamentos "normales" que se usan para la radioterapia y la quimioterapia son de hecho bastante tóxicos y pueden producir náuseas más intensas que las que se tenían en un primer momento. Después de la administración, los pacientes pueden experimentar horas de vómitos desgarradores acompañados de arcadas tan severas que pueden dar lugar a la fractura de huesos. Las náuseas pueden durar días y semanas dejando al paciente sin ganas de comer nada. Para evitar el dolor y la naturaleza molesta de las terapias algunos pacientes podrían abandonar el tratamiento por completo. Existen varios medicamentos con receta que pueden ayudar a controlar los efectos secundarios de la radioterapia y de la quimioterapia, pero no siempre son efectivos y pueden resultar muy caros.

Muchos pacientes han notado que la marihuana puede aliviar el dolor de la medicación de la radioterapia y de la quimioterapia mucho mejor que estas. El notable valor de la marihuana fue descubierto por casualidad por algunos pacientes con tratamiento de radioterapia y de quimioterapia que la habían consumido por placer. Los médicos de la universidad de Harvard, incluyendo al Dr. Leter Grinspoon cuyo hijo, Danny, usaba la marihuana para autotratarse durante la quimioterapia contra el cáncer, empezaron a centrarse en la marihuana. Poco después se produjo un gran número de investigaciones que mostraban como la marihuana y el THC consumido por vía oral era efectivo en la reducción de las náuseas y de los vómitos asociados a la quimioterapia. A principios de la década de los ochenta, el interés por la marihuana alcanzó su punto álgido cuando diversos estados empezaron a financiar estudios de investigación médica sobre la marihuana terapéutica.

En total, la marihuana resultó ser efectiva combatiendo las náuseas en seis estudios de diferentes estados: Nuevo México (250 pacientes), New York (199), California (98), Tenessee (27), Georgia (119) y Michigan (165) (Randall) .

En Nueva York, Nuevo México y Tennessee, los pacientes que fumaron marihuana mostraron una tasa de eficacia del 90%, mientras que en Georgia y en Tennessee reportaron un 70% de efectividad . Ambos estudios de Nuevo México y Tennessee determinaron que fumar marihuana era mejor que consumir el THC por vía oral. Los pacientes en Michigan encontraron que era preferible fumar marihuana antes que usar Torecan, un medicamento convencional para las náuseas. Los pacientes en Nueva York y Tennessee encontraron que la marihuana era efectiva incluso si no habían sido tratados con THC.

El estudio realizado en California, que estaba centrado en gran parte en el THC administrado por vía oral, proporcionó la prueba más débil de entre todos los estudios sobre marihuana. Independientemente, los pacientes reportaron una tasa de eficacia del 59% para la marihuana y del 57% de eficacia para el THC. Solo el 17% consideraba la marihuana como "muy eficaz " frente al 30% correspondiente del THC oral. Alrededor del 11% de los pacientes abandonaron el estudio debido a efectos secundarios como: ansiedad, confusión, mareos, depresión y distorsión de la percepción, entre otros. De manera interesante, la "euforia" se catalogó como un efecto secundario como si los pacientes con cáncer no hubieran tenido nunca sensaciones de euforia.

Además, el estudio de California se llevó a cabo bajo protocolos que no fueron orientados hacia la obtención de buenos resultados. Uno de los participantes del estudio, el Dr. Van Silverberg, oncólogo, sugirió que, "las condiciones eran rígidas, se les recomendó fumar en ocasiones; los pacientes no podían regular ellos mismos las dosis y se les apremiaba a fumar rápidamente en una habitación cerrada. Estas restricciones me parecen carentes de todo sentido... Fumar marihuana en las condiciones establecidas en el programa del estado de California básicamente coloca al paciente en un ambiente hostil" (Silverberg).

De todos los estudios realizados por los estados, el de California fue el único que informó que el THC oral era mejor que fumar marihuana. Aparentemente, la mayoría de los pacientes optaron por tomar cápsulas en lugar de fumar marihuana a causa del olor molesto de esta. Muchos sujetos no habían fumado marihuana antes mientras que otros se quejaron de la mala calidad de la marihuana proporcionada por el gobierno.  Los investigadores señalaron: "Las características de los cigarrillos del NIDA pueden ser un factor que desanime a cualquier fumador experimentado de marihuana, Los cigarrillos, incluso tras un correcto almacenamiento, estaban secos y proporcionaban un humo amargo. Su potencia era claramente baja (1,2%-2,8%) en momentos en los que la marihuana que se obtenía en las calles era de mayor potencia y se podía obtener con más facilidad."

A pesar de que fumar marihuana estaba generalmente aceptado en los estudios realizados por los estados, la política oficial era favorecer el THC sintético. Además del tabú y de su estatus ilegal, la marihuana fue acusada de ser una planta natural sin capacidad real de controlar sus dosis o ingredientes. Las píldoras de THC sintético, por otro lado, podían ser reguladas, controladas y suministradas con las dosis recomendadas. En realidad, el control oral del THC era una falacia al ver como los pacientes no podían regular ellos mismos las dosis como podían hacerlo al fumar marihuana. En cualquier caso, la administración Reagan promovió el uso del THC por vía oral y en 1986, la FDA aprobó su uso en la quimioterapia contra cáncer bajo el nombre de Marinol.

Hasta la fecha, muchos pacientes encuentran que fumar marihuana es más efectivo que el resto de tratamientos alternativos sintéticos legales. La verdadera eficacia de la marihuana se puede observar cuando los pacientes de quimioterapia están demasiado enfermos como para tragar una píldora. Estos pacientes pueden inhalar con mucha más facilidad el humo que tragar una píldora. Además, el humo inhalado de marihuana actúa con mayor rapidez , es más fácil de autorregular y tiene un bajo índice de reacciones desagradables.

Los pacientes de quimioterapia también han sido expuestos a otros dos productos de la familia de THC sintético: nabilona y levonantrodol . Ambos son mucho menos psicoactivos que el THC y están fuera del punto de vista cuando se trata de tratamiento para quimioterapia.

Un cannabinoide natural diferente conocido como Delta-8-THC ha sido capaz de demostrar totalmente su eficacia al prevenir los vómitos en niños que estaban enfermos de cáncer. El Delta-8-THC no es muy parecido al Delta-9-THC salvo que tiene menos potencia psicoactiva. Los investigadores reportaron efectos secundarios "insignificantes" en los niños tratados con Delta-8-THC. Desafortunadamente, el Delta-8-THC no es fácil de conseguir ya que solo se produce en pequeñas cantidades en la marihuana natural y en el Marinol (aunque sea como un subproducto de la secuencia química).

A pesar de todo esto, fumar marihuana ha permanecido como la opción más amplia como antiemético. La demanda de Marinol ha descendido mientras que miles de pacientes de cáncer y sus médicos han recurrido a la marihuana, no la suministrada por el NIDA, sino a una de gran calidad, no la del gobierno. Algunos hospitales en California permiten a los pacientes con cáncer fumar marihuana en áreas específicas o usar vaporizadores sin humo en sus habitaciones. El juicio de los oncólogos es que la marihuana es un medicamento eminentemente útil. En una encuesta realizada a oncólogos por Mark Kleiman y Rick Döblin de la Universidad de Harvard pudieron ver como casi la mitad de todos los encuestados dijeron que prescribirían marihuana natural si fuera legal hacerlo.

Robert