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Proteger los Brotes Jóvenes y Sanos de la Marihuana

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Los brotes sanos de la marihuana

Una vez que hayas decidido cómo quieres hacer brotar tus semillas de marihuana, debes saber que debes mirar para estar seguro de que tus semillas se han activado. Una semilla de cannabis que esté brotando partirá la junta que une las dos mitades de su cáscara y en tan sólo un par de horas aparecerá una cola blanquecina. Impulsada por la gravedad o el instinto, la pequeña raíz crecerá en tamaño rápidamente, enrollándose en su camino hacia el suelo hasta que esta incipiente raíz pueda proporcionar la suficiente fuerza como para levantar verticalmente las dos mitades de la semilla. Desde ese momento, las dos mitades de la semilla se plegarán para actuar como paneles solares que recogerán la energía y comenzará la primera producción de clorofila al mismo tiempo que de la pequeña raíz principal brotan otros filamentos de alimentación para fortalecer su agarre en la tierra.

Desde el centro de dónde las dos mitades de la semilla se ha partido, los primeros "retoños" de hojas empezarán a emerger tan pronto estén lo bastante al descubierto como para hacerlo. Los retoños de las hojas de cannabis se asemejan a las hojas de menta verde, teniendo la forma de punta de lanza sin lóbulos, profundamente nervuda y cubierta por completo de finos capilares vellosos que le proporcionan una textura áspera. Desde el centro de este par de hojas retoñas, crecerá el primer par de hojas lobuladas desde cualquiera de los dos lados del tallo que está emergiendo; estas serán siempre tres hojas lobuladas con forma de "pata de pollo". Si la planta crece con éxito, el siguiente par de hojas será de cinco lóbulos y luego de siete. Una buena fase de germinación puede conducir a una fase vegetativa excelente. No es inaudito para los antiguos plantones alcanzar un metro veinte de altura a finales de julio, crecer dos centímetros y medio más de altura cada día, y brotar un nuevo par de hojas al "sol" del tamaño superior a una mano cada dos días.

 

Cómo proteger tus jóvenes plantas

Por supuesto, las jóvenes plantas se mantendrán ocultas a las miradas, incluso cuando cultivar cannabis sea legal, pero tenga también pensado arrancar las macetas en un lugar protegido. Si es posible, lo ideal sería hacerlo en lo alto de una azotea y preferiblemente bajo un techado de plástico transparente ventilado. Unos protectores trasparentes que ayuden a frustrar a los insectos y a los roedores que estén empeñados en comerse tus brotes se pueden hacer al cortar por la mitad las botellas de agua o de soda, haz pequeños agujeros de ventilación por la mitad inferior del perímetro, luego cubre tu planta dando la vuelta al recipiente. Los brotes de cannabis han demostrado ser extraordinariamente resistentes al frío. Ha habido numerosas ocasiones, cuando he traído las bandejas de los pequeños plantones cubiertas de nieve a casa, en las que las jóvenes plantas mostraron estar sin daño alguno por la experiencia. A pesar de ello, en las noches muy frías (por debajo de los 6° C o más), se pueden congelar hasta los brotes más robustos, matándolos, por lo que merece la pena tener a mano unos cuantos de estos protectores hechos con botellas de refrescos a principios de la primavera.

Junto a mantener la humedad constante de los plantones, el elemento más importante que necesita un brote de cannabis es la luz del sol, tanta como pueda conseguir. En las latitudes situadas más al norte, dónde los días de primavera son cortos, un problema con el que los cultivadores en exterior batallan con los retoños de hojas verdes de sus brotes es que el tallo sigue creciendo desesperadamente hasta que no puede soportar su propio peso en su búsqueda de la luz del sol. Los cultivadores más sofisticados cultivan sus semillas en un armario de cultivo en interior, donde las jóvenes plantas son bombardeadas con suficiente luz y calor para hacer crecer sus primeras hojas grandes y exuberantes, al final de un tallo corto, grueso y listo para ser trasplantado tan pronto como la nieve se derrita. Los cultivadores en exterior sólo pueden nutrir estos tallos largos y delicados por medio de puntales hechos con palos o alambres para evitar que terminen pudriéndose en la tierra que debe mantenerse húmeda, y forzar de esta forma a las pequeñas hojas retoño de encararse al sol sumamente necesario para crear más hojas y un tallo más fuerte. Con un poco de cuidado y mimos, la mayoría de los tallos de los brotes pueden sobrevivir y convertirse en plantas de un metro y medio de altura.

¿Cuánta luz necesitan las plantas?

Esta es una pregunta que deberás responder tanto como cultivador como diseñador medioambiental. Las necesidades de tu planta variarán en función de donde se encuentren en su ciclo de vida y en última instancia en que tipo de entorno hayas decidido cultivarlas.

La luz apropiada es crucial sobre todo en la delicada fase de germinación, cuando casi siempre no puedes ofrecerles demasiada luz. El signo más evidente de que tus plantas de cannabis no están recibiendo la luz adecuada (especialmente los nuevos plantones que han brotado) es el alargamiento blanquecino de los tallos y del tronco causado por el intento desesperado de las hojas en alcanzar altura en su búsqueda de la luz. Si estos tallos no consiguen ramas llegarán a ser tan altos que no podrán mantenerse por ellos mismos y caerán, algunas veces rompiéndose, pero con frecuencia desarrollarán una podredumbre potencialmente fatal donde el tallo entre en contacto con la tierra húmeda. La débil luz del sol de la primavera septentrional hace necesario apuntalar los tallos de los plantones por encima de la tierra con ramitas con forma de "Y" hasta que desarrollen el suficiente follaje para absorber la luz suficiente como para alimentar una fuerte estructura de crecimiento.

En términos generales, cuanta más luz mejor en lo que concierne a las plantas, pero existe un punto en el cual las plantas no pueden asimilar más luz de la que incide sobre ellas. Esto se conoce como el punto de saturación lumínica, y para una planta adulta normal gira en torno a los 500μmol/m2. Al contrario, el PAR disponible en un soleado día de verano está por los 2000lμmol/m2. Someter a las plantas por encima de su punto de saturación particular es un derroche de luz y generalmente de electricidad, y actualmente es contraproducente porque el crecimiento de una planta se ralentiza con una luz demasiado brillante pues como ocurre con los vagos, dejaran de crecer por alcanzar el sol porque no les será necesario.

La forma más sencilla de regular la densidad de las partículas de luz radiada en tus plantas es tan sencilla como aumentar las lámparas de crecimiento para reducir la intensidad de luz o disminuir su número para incrementarla. Una bombilla de crecimiento LED estándar de 130 W puede suministrar entre 200-1400μmol/m2 al modificar su altura de 90 cm a 15 cm.

Es importante matizar que las plantas no utilizan los dos extremos del espectro adyacente a la porción verde al mismo tiempo. La luz azul se necesita sobre todo durante la etapa frondosa de verano y el espectro rojo durante la floración.